De lo imposible a lo inevitable: la gran historia y DEBUT de Fabián Soto Pacheco en el West End
- Adrián Castro Baeza

- May 29
- 3 min read

Fabian Soto Pacheco, Anna-Jane Casey and George Blagden in Kiss of the Spider Woman at Curve Leicester and Touring. Picture: Marc Brenner
Hay momentos donde un país siente que algo cambió. No porque haya un decreto, una alfombra roja o una ceremonia oficial. Cambia porque alguien de los nuestros entra a un escenario lejano y, por un instante, deja de parecer imposible. Ver a Fabian Soto Pacheco interpretar a Molina en Kiss of the Spider Woman en el histórico Bristol Old Vic fue exactamente eso.
No era solamente orgullo. Era vértigo.
Viajar hasta Bristol acompañado por parte del elenco y producción de Querido Evan en Costa Rica hizo que la experiencia tuviera todavía más peso. Porque no se estaba viendo únicamente a un actor triunfar afuera. Se estaba viendo el resultado visible de años de trabajo silencioso, de apuestas imposibles, de producciones hechas contra toda lógica en un país donde el teatro musical todavía pelea por existir como industria.
Y entonces aparece la gran pregunta: ¿qué fue primero, el huevo o la gallina? ¿El artista o la producción? Es difícil responderlo.
Porque sí, Fabian llegó ahí gracias a un talento fuera de serie, una sensibilidad escénica rara y una disciplina feroz. Pero también llegó porque existió una plataforma que le permitió crecer. Una generación que encontró espacio para equivocarse, aprender y soñar en grande gracias al trabajo de Luciérnaga Producciones y otras compañías que decidieron tratar el teatro musical como algo serio, posible y digno de excelencia.
Fabian pertenece a esa primera generación de artistas formados dentro de “La Colmena” en Costa Rica: jóvenes que crecieron viendo que aquí también podían montarse musicales complejos, emocionalmente ambiciosos y técnicamente exigentes. Antes, muchos talentos costarricenses tenían que imaginar su futuro artístico únicamente afuera. Hoy, por primera vez, existe un ecosistema local que sirve como plataforma real. Y verlo en Bristol hizo evidente algo poderosísimo: el nivel sí existe.
Eso fue quizá lo más impactante de la noche. No era solamente ver a Fabian compartiendo escenario con veteranos del West End. Era verlo pertenecer ahí. Verse igual a ellos. Con la misma presencia, la misma profundidad emocional, la misma capacidad de sostener un escenario entero. No había sensación de “el latino invitado” o “la sorpresa exótica”. Había un protagonista absoluto.
Y qué protagonista le tocó.
Molina es uno de los personajes más complejos escritos para el teatro musical. Un hombre gay encarcelado durante la dictadura argentina que sobrevive escapando hacia el cine, la fantasía y el glamour mientras desarrolla una relación profundamente humana con Valentín, un preso político. El personaje exige fragilidad, humor, vulnerabilidad, imaginación y una devastadora capacidad emocional. No basta con cantar bien. Molina necesita alma.
La producción que actualmente gira por Reino Unido ha recibido críticas extraordinarias. Varios medios destacaron precisamente el trabajo de Fabian como el corazón de la obra. Musical Theatre Review describió su Molina como “cálido, ingenioso y lleno de vulnerabilidad profunda”, resaltando cómo construye el arco emocional del personaje “con autenticidad desgarradora”.
En Bristol, las reseñas hablaron de una producción “feroz”, “impresionante” y “un triunfo absoluto”. (The Bristol Magazine Online) El montaje dirigido por Paul Foster ha sido celebrado por recuperar una obra que llevaba décadas sin una gran producción británica. (Wikipedia) Y en medio de nombres reconocidos del teatro británico como Anna-Jane Casey y George Blagden, Fabian no solo destacó: lideró.
Para Costa Rica, esto se siente como pasar a cuartos de final en un Mundial. Tal vez suene exagerado para quien no vive el teatro musical, pero no lo es. Los países pequeños rara vez llegan a estas conversaciones globales. Mucho menos en una disciplina tan especializada y competitiva como el musical. Por eso esto importa tanto.
Porque cuando alguien logra entrar, cambia el horizonte mental de todos los demás.
Ahora otros jóvenes en Costa Rica pueden imaginarse ahí también.
Y quizá eso sea lo más emocionante de todo. Que este momento no parece un accidente aislado. Parece el inicio de algo. Un movimiento. Una generación que ya no piensa el teatro musical costarricense como un hobby elegante, sino como una posibilidad artística real.
La gran incógnita es hasta dónde puede llegar. ¿Cuándo van a confiar más las empresas, los teatros, los financistas, el público?
Si esto fue lo que logró la primera generación, ¿qué vendrá después?




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