top of page
Search

Mariangela Cubillo: De contadora a productora. Porque los números necesitan el arte

Mariangela Cubillo

Hace 20 años que dedico mi vida profesional a la contabilidad; mis días pasaban entre ordenar facturas que muchas veces llegaron en cajas de zapatos hechas bolitas cuando no existían las facturas electrónicas, estados financieros, y procedimientos exactos para no cometer errores que puedan perjudicar a los clientes. Aunque es algo que realmente me gusta y me apasiona, descubrí algo que realmente llena mi ser.

Un día, sin verlo venir, tuve la oportunidad de apoyar de una manera más activa en la producción administrativa de lo que sería mi primera experiencia en el desarrollo de un musical.

Jesucristo Superestrella me vino a mostrar un mundo maravilloso, que me atrapo por completo y me envolvió con esa magia que solo el escenario te puede dar. Compartir con los artistas, ver el engranaje necesario con todos los equipos como vestuario, maquillaje, luces, y sonido para lograr un producto final que solo te hace decir “sí se pudo”.

De ahí en adelante mi vida laboral tan monótona entre el deber y el hacer se volvió en un torbellino de actividades y responsabilidad que fue creciendo cada día más y del que estoy segura que nunca quiero salir.

Producir mi primer musical ha sido por mucho mi principal reto, “Querido Evan” fue una montaña rusa de emociones, entre el pensar que estoy haciendo bien las cosas, qué puedo hacer por mejorar, por qué pasan estas cosas, mejor dejo todo aquí… siempre hay algo o alguien que te dice “seguí adelante, todo está bien”, y así es al final cuando estás en el estreno y ves que todo salió bien y escuchás el aplauso, y sabés que todo absolutamente todo valió la pena.

Mariangela Cubillo

Agradezco mucho la confianza que he recibido por parte de Luciérnaga Producciones, porque si algo sabían era que yo no era productora, pero mis ganas de aprender y de hacer las cosas bien siempre estuvieron. Porque si algo sabían era que yo no era productora, pero mis ganas de aprender y de hacer las cosas bien siempre estuvieron. Así que fui valiente y afronté con responsabilidad y mucho miedo todos los proyectos que me asignaron, y aquí es donde mis dos mundos se unen.


Producir no es fácil, y al principio cuando inicié en este camino me sentía muchas veces perdida y confundida, pero descubrí la manera de que la contabilidad se convirtiera en mi superpoder en el arte.


Muchas veces cuando vamos a ver una obra de teatro, un concierto, o un show, lo primero que vemos y a lo que tenemos acceso es a todo el talento que se está presentando ante nuestros ojos: los actores, la música, las luces y la escenografía. Sin embargo, detrás de ese telón existe un motor invisible que sostiene todo, y este motor es el acompañamiento administrativo y financiero.


Muchas veces se ve a la administración como el “enemigo" de la creatividad, un freno lleno documentos y procedimientos, pero la realidad es todo lo contrario. La administración no limita el arte; le da el suelo firme que necesita para poder volar.


Acompañar administrativamente un proyecto no es solamente pagar facturas o archivar papeles. Es traducir junto con un equipo creativo la visión del director en un plan viable, legal y financieramente sostenible.


Es el puente que conecta el caos creativo con la realidad del proceso.


El mayor beneficio del acompañamiento administrativo no es numérico, es humano. Cuando un equipo creativo delega todos los trámites administrativos y burocráticos, gana algo invaluable: paz mental.


Un director estresado por cómo pagar a todos los proveedores no dirige igual. Un actor preocupado por la falta de un contrato no rinde igual. Es por eso que tenemos que tener personas encargadas de esos procesos, para que cada una de las personas encargadas de los diferentes departamentos y los artistas puedan concentrarse exclusivamente en lo que mejor saben hacer: crear.


Si queremos una industria cultural fuerte, respetada, y con empleos dignos, debemos empezar a valorar los balances contables tanto como los libretos. La próxima vez que veás una producción artística, recordá que el éxito de esa obra comenzó mucho antes del estreno, en una mesa de trabajo llena de números, contratos, y una estrategia administrativa impecable.


Combinar los libros contables con los documentos de producción me enseñó que el arte necesita orden para ser libre, y que los números también pueden contar historias memorables.


Hoy en día sigo cuadrando cuentas en mi despacho contable y en los proyectos de Luciérnaga, pero ahora el mejor dividendo es ver la sala llena y escuchar los aplausos del público al cerrar el telón.

 
 
 

Comments


bottom of page